El organismo identificó el desplazamiento, la desaparición de personas y el reclutamiento de jóvenes como los principales efectos de la inseguridad en el municipio
Salamanca, Gto.- La violencia en Salamanca no solo se mide en delitos, modifica horarios comerciales, vacía calles y plazas, y empuja a familias a abandonar sus hogares. Así lo describió David Muñoz, consultor de seguridad del Observatorio Ciudadano, tras un estudio integral que identifica el desplazamiento, la desaparición de personas y el reclutamiento de jóvenes como los principales efectos de la inseguridad en el municipio.
El análisis toma como referencia hechos recientes, entre ellos el ataque armado en la comunidad San Juan de Razos que dejó seis personas sin vida, cuatro de ellas adolescentes. Para el especialista, estos eventos revelan un patrón que los grupos delictivos replican en distintas colonias y comunidades.
“Primero buscan exhibir capacidad operativa, demostrar que pueden actuar en cualquier lugar y hora sin consecuencias. Segundo, instalar miedo, que es lo que más impacto deja en la gente. Tercero, enviar mensajes a grupos rivales. Y cuarto, evidenciar dominio territorial o retar la presencia de la autoridad”, detalló.
De acuerdo con el consultor, tras un hecho de alto impacto se genera un radio de afectación de aproximadamente dos kilómetros. En esa zona los vecinos modifican rutinas: dejan de salir por las noches, reducen actividades recreativas y laborales, y los negocios cambian su operación.

“Los comercios instalan cámaras, cierran más temprano por temor a robos o extorsión, y registran menos clientela. No hay vida nocturna. El miedo hace que la gente evite ciertos lugares y los espacios públicos se pierden. Todo eso le pega directamente al bolsillo de la población”, señaló.
Advirtió que la percepción de riesgo crece a mayor velocidad que la incidencia delictiva reportada. “Aunque sea un delito cada cierto número de días, la gente se siente más insegura cuando ocurren estos hechos. Por eso el tema central es la prevención, la recuperación del espacio público y una coordinación efectiva entre los tres niveles de gobierno”, apuntó.
El consultor indicó que los cambios empiezan con restricciones pequeñas: evitar salir a determinada hora o pasar por ciertas calles. Con el tiempo, algunas familias optan por vender su patrimonio y migrar. “Hay quienes ni siquiera pueden vender y terminan por abandonar sus casas. No es inmediato, pero inicia con límites cotidianos hasta llegar a irse”, explicó.

Para el Observatorio Ciudadano, las repercusiones de la violencia trascienden la estadística delictiva: alteran la dinámica social, frenan la actividad económica y erosionan la convivencia. La recuperación, concluye el análisis, pasa por devolver a la ciudadanía la confianza para usar calles, parques y comercios sin temor.