Mantiene Diego vivo oficio familiar de tejer muebles de herrería; lleva 25 años recorriendo Salamanca

Con sus madejas al hombro, sigue hilando para que las piezas no terminen en la chatarra y, sobre todo, para que el oficio que le enseñó su padre no se pierda

Salamanca, Gto.- Entre el plástico, el acero y la memoria familiar, Diego mantiene vivo uno de los oficios que se resisten a desaparecer en Salamanca: el tejido de muebles de herrería.

Desde hace 25 años se dedica a esta actividad artesanal que heredó de su padre y a la que destina hasta 12 horas al día recorriendo calles de la zona sur, centro y norte del municipio en busca de sillas y sillones para reparar.

“Ya tengo 25 años dedicado a esta actividad artesanal que me enseñó mi papá, en cada mueble me puedo tardar hasta una hora, pero salimos de la casa de las ocho de la mañana y regreso ya a las siete de la noche”, relató.

El artesano explicó que cada pieza le lleva alrededor de una hora de trabajo manual, entre vueltas y estiramientos de hilo plástico, técnica que aprendió en el patio familiar y que hoy le permite llevar sustento a su hogar, aunque admitió que la demanda ha caído.

“La gente de antes conservaba mucho este tipo de muebles, sin embargo, hoy los hijos o los nietos se deshacen de ellos, por eso los trabajos lo realizo en la calle, para que la gente me vea tejiendo y cuando tienen un mueble se acercan a preguntar”, dijo.

A diario recorre de dos a tres colonias, pues aún en muchos hogares se conservan estos juegos de jardín que por una generación adornaron patios y cocheras.

“Todavía hay muchas sillas como esta o algunas que eran dobles que se vendían en un juego de jardín que muchas familias tenían en los patios de sus casas, cuando mi papá tenía más demanda de la que hay hoy estamos hablando de por lo menos hace 20 años”, señaló.

Se trata de muebles con alta resistencia al sol y la lluvia, que no se oxidan, no se decoloran y son fáciles de limpiar. Entre los más solicitados está la emblemática silla Acapulco, surgida en el puerto homónimo en la década de 1950, inspirada en la técnica de las hamacas mayas, con estructura ovalada de acero y tejido de cuerda de vinilo que la hace fresca, ergonómica y sin autor registrado.