Calaveras, catrinas y alfeñiques artesanales de familias salmantinas marcan el inicio de la temporada; oficios como el de los Martínez y los Buzo mantienen viva la tradición
Salamanca, Gto.- El Día de Muertos ya se siente en el Jardín Principal. Entre calaveras de distintos tamaños, catrinas, esqueletos vestidos de charro y figuras adornadas con flores y colores brillantes, el centro de la ciudad se convirtió en el punto de encuentro para las familias que comienzan a preparar sus ofrendas.
Este año se instalaron 147 puestos: 50 dedicados a la venta de alfeñiques, 75 a disfraces y 22 a pan y nieve, una oferta que reúne desde lo tradicional hasta lo festivo para las celebraciones de finales de octubre y principios de noviembre.
En los diferentes establecimientos se observan desde pequeñas calaveras con mensajes dedicados a seres queridos, hasta animales caracterizados y piezas con acabados multicolores. A ello se suma el papel picado, los disfraces para niñas y niños, y los productos para montar los altares en los hogares.

Pero más allá del colorido, el corazón de la temporada está en los alfeñiques, dulces que también cuentan historias.
Elaborados artesanalmente con azúcar, estos dulces pueden moldearse en forma de calaveras, esqueletos, animales y otras figuras. Su técnica reúne la herencia de la confitería árabe y española llegada en la época colonial, que se fusionó con las costumbres de los pueblos originarios hasta convertirse en uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos.
En Salamanca, esa tradición tiene nombre y apellido. Familias como los Martínez y los Buzo mantienen vivo el oficio de elaborar alfeñique de manera artesanal, un trabajo manual que se transmite de generación en generación y que cada año encuentra un lugar en las ofrendas salmantinas.
Detrás de cada calavera hay horas de trabajo, azúcar moldeada a mano y una expresión cultural que no se compra solo como dulce, sino como memoria.
Así, entre veladoras, flores, disfraces y pan de temporada, el Jardín Principal no solo ofrece productos, sino que reúne el trabajo de artesanos y comerciantes que, año con año, mantienen viva una celebración que mezcla tradición, creatividad y recuerdo familiar.
