Salamanca Guanajuato.- Una reestructuración más llegó al fútbol profesional mexicano misma que mantiene cerrado el camino al ascenso.

La reestructuración del fútbol profesional mexicano promete cambiar la forma en que se organizan las categorías nacionales. Con la creación de la Primera Premier y la redistribución de las divisiones de la Liga Premier, la Federación Mexicana de Futbol busca dar un nuevo orden a las competencias profesionales. Sin embargo, detrás de esta nueva pirámide permanece el tema que más debate ha generado en los últimos años, la ausencia del ascenso y descenso entre la Liga MX y la Liga de Expansión MX.
En el nuevo esquema, la Liga BBVA MX seguirá siendo la máxima categoría del país, seguida por la Liga de Expansión MX. Debajo aparecerá la nueva Primera Premier como tercer nivel del balompié nacional, mientras que la Premier A, la Premier B y la Liga TDP MX completarán la estructura como cuarta, quinta y sexta división, respectivamente.
A simple vista, la pirámide ofrece una organización más clara y una mejor segmentación de las competencias. Sin embargo, la realidad es que el cambio es principalmente administrativo, ya que no modifica el aspecto que más reclaman aficionados, futbolistas y clubes: el regreso del ascenso y descenso hacia la Primera División.

Desde la suspensión del ascenso en 2020, la Liga de Expansión dejó de ser un trampolín deportivo hacia la Liga MX. Aunque varios clubes han realizado importantes inversiones en infraestructura, fuerzas básicas y proyectos deportivos, el premio máximo de ganar la categoría ya no es obtener un lugar en el máximo circuito, sino únicamente conquistar un campeonato.
Con esta nueva estructura, el panorama cambia para los equipos de la Liga Premier, pero el techo competitivo continúa siendo la Liga de Expansión MX. Es decir, un club podrá avanzar dentro de las categorías inferiores, pero mientras no exista un mecanismo de ascenso hacia la Liga MX, el camino seguirá incompleto.
Esta situación también tiene repercusiones económicas. Para muchos inversionistas, destinar recursos a un proyecto deportivo resulta menos atractivo cuando no existe la posibilidad de alcanzar la máxima categoría por méritos en la cancha. Del mismo modo, las aficiones de ciudades con gran tradición futbolística ven limitada la ilusión de volver a tener un representante en Primera División, independientemente de los resultados deportivos que consiga su equipo.
En entidades como Guanajuato, donde recientemente surgieron proyectos como Real Refineros CDS para devolver el fútbol profesional a Salamanca, la nueva pirámide representa una ruta de crecimiento más definida dentro de las categorías de la Liga Premier. Sin embargo, el objetivo final de competir en la Liga MX seguirá dependiendo de decisiones administrativas y de los criterios de certificación, más que exclusivamente del rendimiento deportivo.

Otro punto que ha sido objeto de críticas es que la ausencia del descenso también reduce la presión competitiva en algunos clubes de la Liga MX. Históricamente, la lucha por evitar perder la categoría generaba partidos de alta intensidad y obligaba a las instituciones a mantener proyectos deportivos sólidos. Sin ese riesgo, diversos analistas consideran que disminuye la exigencia para ciertos equipos del máximo circuito.
Por otra parte, quienes respaldan el modelo actual argumentan que la estabilidad financiera de los clubes es prioritaria y que el ascenso debe ir acompañado de instituciones con infraestructura, solvencia económica y proyectos sostenibles para evitar problemas como los que se vivieron en el pasado con franquicias de corta duración.
La nueva pirámide, en ese sentido, podría ser el primer paso para reorganizar el fútbol mexicano desde sus bases, pero difícilmente resolverá el debate de fondo. Mientras el ascenso y el descenso continúen suspendidos entre la Liga de Expansión y la Liga MX, la estructura seguirá siendo vista por muchos como una pirámide sin una verdadera movilidad deportiva hacia la élite.
Así, la reorganización de categorías representa un avance en el orden competitivo del fútbol profesional mexicano, pero deja pendiente la demanda más importante de clubes y aficionados: que el lugar en la máxima división vuelva a ganarse en la cancha y no únicamente mediante criterios administrativos o económicos.

