Más de 30 años y obras de hasta 900 piezas, su trabajo ha llegado a Guerrero y Michoacán
Salamanca, Gto. – Francisco Gutiérrez Lara ha construido un diálogo profundo con los vitrales. En cada pieza y textura, el artesano ha encontrado su propia voz que lo ha posicionado como uno de los artesanos más relevantes del municipio salmantino.
Con obras que abarcan hasta las 900 piezas de vidrio, Gutiérrez Lara ha demostrado, por más de treinta años, que el vitral también es arte.

La conexión y la pasión por el material le han permitido colocar detalles precisos en cada trabajo; esto lo ha llevado a utilizar texturas de vidrio completamente únicas.
“Donde compramos material llegan vidrios que solo llegan una vez, porque no dieron la textura, ni el tono y esos los mandan ahí; yo trato de buscarlos”, aseguró.

Dentro de su taller, alberga vidrios con una antigüedad de más de ochenta años. Es en este espacio donde Francisco Gutiérrez conoce cada una de las piezas; las entiende y domina.
“Insistí siempre en lo que quería”, expresó.

La perseverancia ha catapultado sus obras a diferentes entidades federativas como Guerrero y Michoacán, donde el sector eclesiástico solicita frecuentemente sus labores, como las iglesias y las capillas.
Con un negocio cien por ciento familiar, el ciudadano narró que uno de sus anhelos es que sus hijos cuiden y continúen el oficio.
“Quiero que ellos lo sigan haciendo, quisiera que ellos lo hicieran”, expresó.
Detalló que su labor implica dominar el dibujo y manejar el vidrio. Sin embargo, expuso que el vidrio no siempre es fácil de cortar, pero eso no implica la opción de desistir.

Hoy, su mayor obra ha sido heredar sus conocimientos y talento a su familia.
“Mi hija, una de las más chiquitas estudió diseño y hace dos meses le dije diséñame éste, para que cuando tú lo veas tú digas: “yo dibujé este vitral”, y ya van dos grandes que me hace”, dijo.
De esta manera, el poblador ha encontrado su trascendencia entre tonalidades de colores, cortes y un cariño profundo a su labor, su talento permanece en Salamanca, en el barrio de San Pedro en el Templo de los Milagros o hasta Guerrero; su lenguaje ya ha quedado plasmado.