Everest Eduardo Zapata Arredondo sobrevivió a la explosión del 19 de septiembre de 2021 en Salamanca que mató a dos personas; sufrió traumatismo craneoencefálico y hoy vive con riesgo de demencia, pero volvió a la música con su grupo Ámbar y enseña a cantar a sus hijos
Salamanca, Gto.- Desde su adolescencia supo que quería ser músico. Esa vocación lo llevó a formar una familia y a ganarse la vida en los escenarios. El 19 de septiembre de 2021, esa historia estuvo a punto de terminar.
Aquella tarde, Everest Eduardo Zapata Arredondo tocaba en el restaurante Barra 1604. Era la última presentación de una racha de trabajo que había iniciado el 15 de septiembre. Durante el festejo de cumpleaños del gerente, estalló un artefacto explosivo que mató a Mauricio Salvador Romero Morales y a Mario Alberto Hernández Cárdenas, dejó cinco heridos y marcó la historia de violencia en Salamanca.
Everest sobrevivió, pero con secuelas permanentes: perdió un ojo, la audición de un oído, sufrió lesiones en torso y mano y, sobre todo, un traumatismo craneoencefálico severo.
“Mi vida se derrumbó, todavía no me caía el 20 cuando recién desperté, veía borroso y me preguntaba ¿Qué pasó? Tenía la esperanza de que fuera un sueño lo que me decían de la explosión; en el baño de mi mamá, cuando estaba batallando para bañarme, ahí me cayó la realidad, ahí dije: mi vida se destruyó”, recordó.
Lo más grave, dice, no fue la pérdida física, sino la memoria. Al despertar intubado en el hospital no reconocía a nadie.
“Yo no sé cuánto dinero le podrían pagar a una persona por perder un oído, un ojo. Lo más gacho fueron los recuerdos. Lo más grave no fue mi torso, ni mi ojo, ni mi mano, ni mi oído, fue mi cerebro. Mi mamá me agarraba la mano, pero no sabía que era mi mamá, veía triste a mi esposa sin saber quién era ella”, relató.

En aquella sala, personas entraban llorando, lo abrazaban, pero para él eran extraños. Cuando la memoria regresó, vino el golpe emocional.
“A mí no me dolía. Cuando se van tus recuerdos y no puedes recordar a tu familia, realmente no te duele, no te sientes triste, los ves llorar por ti, pero tú los ves como extraños. Pero cuando te cae el 20 la realidad te aplasta, te abruma, quieres escapar”, confesó.
A pesar de estar intubado y balbucear por el daño en las cuerdas vocales, asegura que nunca perdió la lucidez de lo que quería decir. Con el tiempo recuperó el habla, aunque la voz ya no es la misma.
“Conservé mi personalidad. Aunque no podía hablar, podía pensar perfectamente lo que quería decir. Mis cuerdas vocales se han recuperado, pero la última vez que nos vimos no podía cantar, era un dolor por ego, porque me gustaba cantar, que me aplaudieran, ganar dinero. Lo más importante fue recuperar mis recuerdos”, dijo.
De la experiencia extrajo una lección sobre la mente:
“He aprendido que la principal función de nuestro cerebro no es hacernos felices, son dos cosas: evitar lo que causa dolor y buscar lo que causa placer. Todo lo que te causa dolor lo quiere evitar y lo que te causa satisfacción lo quiere repetir; ya de ahí parte todo. Por ello comencé a cuidar más mi mente”.
Sobre los responsables, Eduardo “N” y Georgina “N”, sentenciados a más de 114 años de prisión por terrorismo, homicidio y tentativa de homicidio, habla de perdón y de justicia.
“No, no hay un precio para la vista, perdí un ojo, para tu oído y me dedico a la música. La justicia es hacer lo correcto, por eso perdoné, no busco el ojo por ojo. La justicia es importante porque una persona que hizo algo así no puede estar libre, es un peligro para alguien más”, sostuvo.
Dimensiona su pérdida frente a quienes murieron. “Yo hablo de mi ojo, de mi oído porque Mauricio y Mario fallecieron, ellos ya no tienen la oportunidad que yo tengo”.

Las secuelas continúan. Hoy no canta como antes, tiene dolores crónicos de espalda y cabeza, y el diagnóstico más grave es el riesgo de demencia a futuro por el golpe en la cabeza.
“Yo sé que tengo consecuencias, obviamente ya no puedo cantar como lo hacía. El riesgo más grande es la demencia por el golpe que fue lo más grave. Estoy esperando que esas consecuencias se den, si yo puedo librarlas voy a hacer todo lo posible y voy a aprovechar todo el tiempo que tengo de mi oído”.
Ese tiempo lo dedica a su familia y a la música, lo que lo motivó a recuperarse.
“A mi hija la estoy enseñando a cantar y a tocar el piano, a mi hijo también le doy clases de canto. Todo eso me hubiera pasado si yo hubiera muerto. Sé que soy afortunado y por eso doy gracias a todo y a todos. Sigo en la actividad, sigo siendo músico, tengo un grupo que se llama Ámbar y colaboro con cualquier persona que me invite a tocar”, concluyó.