Por violencia y asaltos en vía pública, trabajadores de reparto renuncian en Salamanca: FROC-CTM

Los más afectados son operadores y repartidores de sectores como abarrotes, refrescos, agua purificada y gas, por manejar efectivo y mercancía

Salamanca, Gto.- La ola de violencia y asaltos en la vía pública que se registra en Salamanca ha impactado directamente a los trabajadores que realizan sus labores en la calle, a tal grado que muchos prefieren renunciar a sus empleos tras haber sido víctimas de un atraco.

Víctor Solís Almanza, secretario general de la FROC-CTM Salamanca-Valle de Santiago, dio a conocer que los más afectados son operadores y repartidores de sectores como abarrotes, refrescos, agua purificada y gas, por manejar efectivo y mercancía.

El líder sindical explicó que la delincuencia no solo afecta el patrimonio de empresas y trabajadores, sino que atenta directamente contra la integridad física, pues los delincuentes ya conocen fechas de pago, dinámicas de cobro y rutas habituales de los empleados.

“El miedo y la dificultad es que antes te amenazaban, dabas el dinero y ya. Hoy no; hoy te sueltan un plomazo o te dañan”, expuso, al subrayar la angustia de los trabajadores por su seguridad y por el sustento de sus familias.

Añadió que, tras un asalto, con frecuencia son los propios repartidores quienes deben asumir los costos de los daños ocasionados a las unidades, lo que incrementa la presión económica y emocional.

Solís Almanza señaló que uno de los factores más preocupantes es el bajo nivel de denuncias ante el Ministerio Público, no por falta de interés, sino por temor a represalias y por lo engorroso de los trámites. “En ocasiones sí se denuncia, pero depende mucho de la persona. A veces el trabajador prefiere perder su trabajo, no denuncia y mejor se va”, detalló.

Explicó que durante los atracos los delincuentes se apoderan de pertenencias personales como la credencial de elector, con la que pueden ubicar el domicilio de la víctima, lo que deja al trabajador expuesto si continúa laborando en la misma zona.

A esto se suma que, para acreditar la propiedad de objetos robados como teléfonos o herramientas de trabajo, deben enfrentar procesos burocráticos largos y perder días laborales que en algunos casos no son remunerados por las empresas.