Salamanca permaneció 20 días bajo el agua
Salamanca, Gto.- Las grandes inundaciones que marcaron a Salamanca tienen en la fe uno de sus capítulos más importantes. De acuerdo con el cronista salmantino Juan José Rodríguez Chávez, la última inundación total que vivió la ciudad fue en 1958, a partir del 20 de septiembre, permaneciendo inundada durante 20 días a causa de las lluvias.
El cronista relata que, ante la emergencia, se tomó una decisión conjunta entre autoridades eclesiásticas y el gobierno municipal:

“Sacaron la imagen del Cristo del Señor del Hospital, bajo la coordinación de autoridades eclesiásticas y gobierno municipal, para que él viera cómo estaba inundada la ciudad, y empezó a dejar de llover”.
No era la primera vez que la imagen salía para pedir el cese de las lluvias. También fue sacada durante las inundaciones de 1912 y 1958, con una inundación intermedia registrada en 1926. La primera inundación total de la que se tiene registro ocurrió en 1865 y fue conocida como “La inundación de la intervención”.

El Cristo Negro, una manifestación de fe que llegó hace 466 años
La llegada de la imagen sagrada a Salamanca se remonta a hace 466 años, cuando un grupo de devotos realizó un viaje desde Jilotepec, en el Estado de México, con el objetivo de localizar el sitio que la propia imagen habría encomendado en un sueño.
Durante el trayecto y ante el peligro de ser descubiertos por los españoles, quienes los perseguían para recuperar la figura, los pobladores optaron por viajar de noche. La oscuridad les permitió cruzar diversos senderos; sin embargo, en una ocasión estuvieron a punto de ser descubiertos, por lo que decidieron ocultar la sagrada imagen en un maizal.

A la mañana siguiente, se percataron de que el tono blanco original de su material se había tornado a un color azabache, un factor que le permitió camuflarse en las horas nocturnas y llegar a su destino final.
Décadas posteriores a su llegada, y por designio de Emeteria Valencia, en 1924 se construyó el Templo del Señor del Hospital, hoy Santuario Diocesano, donde la figura recibe a peregrinos y visitantes, consolidándose como una de las tradiciones más arraigadas y apreciadas por las y los salmantinos.