Habitantes enuncian violencia estructural que impide consolidar servicios básicos; otra violencia que resiste la zona
Salamanca, Gto. – La ciudad petrolera ha quedado permeada por una fuerte ola de violencia e inseguridad. Entre sus estragos se han registrado la disminución de dinámicas nocturnas en diferentes establecimientos y espacios públicos del municipio.
En esta directriz, poco se ha nombrado sobre la difícil realidad que sobrevive la periferia, donde pobladores aseguran temen salir después de ocultarse el sol.

“Las personas no salen de sus casas por el temor que se vive en el rancho”, instó un habitante de la comunidad de San Vicente de Flores quien ha preferido quedarse en anonimato.
De igual modo, el poblador espetó que a partir de las 19:00 horas los vecinos de la demarcación deciden reducir o evitar las salidas en el perímetro. Lo anterior significa la desaparición paulatina de la vida nocturna en zonas rurales.

El asentamiento ubicado en el tramo de la carretera Irapuato-Salamanca también resiste rezagos en rubros de agua potable, servicio de transporte suburbano, así como déficit de pavimentación en varias arterias viales; elementos, que, unidos a la inseguridad, representan una violencia estructural grave.
“Ya quedó San Vicente de Flores en el olvido”, es una expresión recurrente en el poblador de la zona, quien observa cómo va difuminándose una esperanza para obtener una vida digna en su terruño.