FÚTBOL. LA GUERRA POR EL PODER DE FIFA CONTINÚA

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Salamanca Guanajuato.- La guerra en la FIFA no se detiene, crece la presión contra Infantino, más países se suman contra el mandatario, México le apoya.

La tormenta que sacude a la FIFA está lejos de disiparse. Lo que comenzó como una fuerte polémica alrededor de un proyecto para modificar la estructura comercial de la Copa del Mundo terminó convirtiéndose en una auténtica batalla política dentro del futbol internacional, con Gianni Infantino en el centro de todas las miradas. El presidente de la FIFA decidió dar marcha atrás ante la presión y retiró la propuesta que había generado preocupación entre distintas federaciones, pero su movimiento no fue suficiente para recuperar la confianza de varios de los principales organismos continentales. La UEFA, la Confederación Asiática de Futbol (AFC) y la CONCACAF mantienen una postura crítica hacia el dirigente y han colocado sobre la mesa la posibilidad de que deje el cargo, argumentando que el problema ya no se limita al proyecto económico, sino que existe una profunda crisis de confianza en su manera de conducir al máximo organismo del futbol mundial.
El proyecto que encendió la mecha contemplaba una nueva estructura comercial alrededor de las propiedades de la FIFA, con la posibilidad de permitir la participación de capital privado en determinados negocios relacionados con la Copa del Mundo. Aunque desde la FIFA se presentó como una alternativa para fortalecer las finanzas y generar mayores recursos para el desarrollo del futbol, la iniciativa fue recibida con enorme desconfianza por diferentes asociaciones. El temor entre sus detractores era que una parte del control económico de la máxima competición futbolística del planeta pudiera quedar en manos de inversionistas externos. La reacción fue inmediata y obligó a Infantino a retroceder, pero la retirada del plan no consiguió apagar el incendio.



La molestia de las principales confederaciones ahora va mucho más allá de aquella propuesta. UEFA, AFC y CONCACAF cuestionan la forma en que el proyecto fue impulsado y consideran que una decisión de semejante magnitud debió pasar por un proceso mucho más amplio de consulta y consenso. En otras palabras, para sus opositores, el problema no fue solamente lo que Infantino pretendía hacer, sino la manera en que intentó llevarlo adelante. Por ello, aunque el presidente de la FIFA retiró la iniciativa y buscó bajar la tensión, sus críticos sostienen que el daño institucional ya está hecho y que la confianza entre varias de las principales fuerzas del futbol mundial quedó seriamente golpeada.
El escenario adquiere todavía mayor relevancia porque Infantino pretende mantenerse al frente de la FIFA y buscar un nuevo periodo de gestión. Sus detractores, por su parte, comienzan a mover sus piezas para intentar construir un bloque capaz de desafiar su continuidad. Sin embargo, una eventual salida no es sencilla, ya que para remover al presidente de la FIFA sería necesario reunir una cantidad considerable de apoyos entre las distintas asociaciones nacionales. Ahí es donde la división se vuelve evidente: mientras algunas de las confederaciones más poderosas presionan por un cambio, otras federaciones nacionales continúan respaldando al dirigente suizo y consideran que cualquier diferencia debe resolverse dentro de los mecanismos institucionales de la propia FIFA.



Entre quienes han mostrado una postura favorable a Infantino se encuentra la Asociación del Futbol Argentino (AFA), que ha defendido su gestión y valorado la decisión de retirar el polémico proyecto. Argentina considera que la FIFA debe mantener estabilidad institucional y que las diferencias deben ser atendidas mediante los canales correspondientes. México también aparece entre las federaciones que han cerrado filas alrededor del actual presidente. La Federación Mexicana de Futbol (FMF) ha expresado su respaldo a la continuidad del liderazgo de Infantino y ha insistido en la necesidad de respetar los procedimientos y órganos de gobierno establecidos por el organismo internacional.



De esta manera, el futbol mundial comienza a mostrar una división cada vez más marcada. Por un lado están quienes consideran que la gestión de Infantino perdió la confianza necesaria para continuar al frente de la FIFA y que la polémica alrededor de la Copa del Mundo fue el punto de quiebre definitivo. Del otro aparecen asociaciones que consideran que el presidente todavía cuenta con respaldo suficiente y que el conflicto debe resolverse mediante las estructuras oficiales, sin intentar forzar una salida política desde las confederaciones.
La disputa también pone al Mundial en el centro de una batalla que poco tiene que ver con lo que sucede dentro del terreno de juego. La Copa del Mundo representa el principal activo deportivo y comercial de la FIFA, por lo que cualquier intento de modificar su estructura financiera genera enormes repercusiones. El proyecto fue retirado, pero las preguntas permanecen: ¿quién debe controlar el negocio más importante del futbol mundial?, ¿hasta dónde puede llegar la inversión privada?, ¿y cuánto poder debe concentrar el presidente de la FIFA?



Infantino logró evitar, al menos por ahora, que el proyecto que provocó la crisis avanzara. Sin embargo, la retirada de la iniciativa no significó el final del conflicto. La batalla ahora es por algo mucho más grande: el poder y el futuro de la FIFA. Mientras UEFA, AFC y CONCACAF presionan por un cambio y buscan sumar apoyos, Argentina y México se mantienen del lado del actual presidente. La pelota está nuevamente en los escritorios y no en las canchas, pero el partido que se juega ahí podría tener consecuencias para todo el futbol internacional.
La FIFA enfrenta así uno de sus momentos políticos más delicados de los últimos años. Infantino consiguió frenar el proyecto que provocó el terremoto, pero todavía tiene pendiente el desafío más complicado: recuperar la confianza de quienes hoy exigen su salida y, al mismo tiempo, conservar el respaldo de las federaciones que continúan creyendo en su liderazgo. El Mundial no será privatizado, pero la guerra por el control de la FIFA apenas comienza.