Sin apoyos y con insumos por las nubes, el campo salmantino cada ciclo es un volado”

La desaparición de programas y los altos costos de insumos han mermado la rentabilidad del sector agrícola

Salamanca, Gto.- El campo no da tregua, entre el diesel a 28 pesos, fertilizantes con alzas de 50 y 60 por ciento y recibos de luz impagables para sacar agua de pozos cada vez más profundos, los productores de Salamanca arrancan el ciclo primavera-verano con una certeza: sembrar cuesta el doble, pero la cosecha se paga igual, un golpe que llegará al bolsillo de todos los campesinos.

Héctor Ortega Razo, representante de la Confederación Nacional Campesina (CNC), describió el panorama como “desesperante”. La superficie que antes se destinaba al trigo se redujo para dar paso al “punteo” con maíz y sorgo, los únicos cultivos que medio aguantan la falta de agua en la región.

“Se va a establecer maíz, sorgo, que es lo que nosotros sembramos aquí en la zona, y créemelo que la situación está bastante desesperante porque los fertilizantes han tenido un alza desmesurada”, dijo.

La fórmula ronda entre 17 y 18 mil pesos la tonelada; las ureas superan los 16 mil y los sulfatos, los 11 mil. Todo importado, todo atado a guerras ajenas. “Vamos a la gasolinera y cargamos diesel a 28 pesos. Es imposible sembrar con bajos costos”, señaló.

Mientras los insumos se disparan, el precio al productor sigue castigado. El trigo lo pagan las industrias entre 5 mil 800 y 6 mil pesos por tonelada, insuficiente para cubrir lo invertido. “Los productos de nosotros no tienen un valor adecuado y ya necesitamos la mano del gobierno que nos regularice”, reclamó.

La falta de apoyos se cruza con una crisis hídrica que ya tocó fondo. Jitomate, zanahoria y lechuga salieron del plan de siembra: no hay agua segura ni presas que alcancen. De los 12 mil pozos agrícolas registrados en Guanajuato, la mitad colapsó. Los 6 mil que quedan bombean desde profundidades mayores y con tarifas eléctricas “desmesuradas”.

A pesar de ello, el campo salmantino siembra por inercia y por necesidad, no por rentabilidad, cada hectárea es una apuesta contra el clima, el mercado y la omisión oficial. Y cuando el productor pierde, la cuenta llega al mercado, a la tortilla y a la mesa.