La madrugada de este miércoles, una mujer fue privada de su libertad en la comunidad de San Vicente de Flores. Sujetos armados irrumpieron en su domicilio y se la llevaron sin que hasta el momento se conozca su paradero. No es un hecho aislado. Es el quinto secuestro registrado en el municipio en lo que va del mes de enero.
Cinco personas arrancadas de su vida cotidiana. Cinco familias sumidas en la incertidumbre. Cinco episodios que reflejan una realidad que ya no puede minimizarse.
Los secuestros ocurren en viviendas, en negocios, en plena vía pública y en zonas comerciales. Ningún lugar parece seguro. La violencia ha cruzado límites que antes parecían impensables y hoy se manifiesta con total impunidad.
Mientras tanto, la respuesta oficial continúa siendo el silencio. No hay información clara, no hay detenidos, no hay resultados visibles. La ciudadanía observa cómo los delitos de alto impacto aumentan sin que exista una estrategia efectiva que brinde tranquilidad a las calles de Salamanca.
La inseguridad ya no es una percepción: es una experiencia diaria. Es el miedo de salir a trabajar, de abrir un negocio, de esperar el transporte o de dormir en casa con la incertidumbre de no saber si la madrugada traerá otra tragedia.
