Salamanca, una ciudad que históricamente ha vivido y respirado fútbol, hoy ve cómo la violencia invade incluso los espacios deportivos, aquellos que durante años fueron refugio de convivencia, esfuerzo y pasión.
Los recientes hechos de inseguridad registrados en un conocido bar de la ciudad encendieron las alarmas y sembraron miedo e incertidumbre entre la ciudadanía. Sin embargo, la preocupación se agravó cuando amenazas comenzaron a circular en redes sociales, dirigidas no solo a establecimientos comerciales, sino también a campos deportivos y ligas locales.

Ante este escenario alarmante, y frente a la ausencia de garantías reales de seguridad, las Ligas de Veteranos y la Liga Salmantina tomaron una decisión dolorosa pero necesaria: suspender sus partidos para proteger la vida y la integridad de jugadores, cuerpos técnicos y familias.
Hoy, el balón deja de rodar no por falta de amor al deporte, sino porque el miedo se impuso a la pasión. El fútbol amateur, símbolo de unión y comunidad, se ve obligado a detenerse mientras la violencia continúa marcando el ritmo en Salamanca.